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   Primeramente quiero que sepan que esto es un tema que me toca directamente mi alma de madre.

   A los 18 meses, 12 infecciones de oído en un año y múltiples tratamientos médicos/naturistas. Tomé la decisión de operar a mi segunda hija Emma. Después de visitar a dos especialistas y al pediatra en numerosas ocasiones, no sabía qué más podía hacer por ella. Habiendo yo sufrido de graves infecciones de oído hasta mi adolescencia, entendía su dolor completamente.

   Mi vida se llenó de noches interminables de llantos y lágrimas a causa de infecciones en el oído medio. Estas  infecciones NO son a causa de la piscina. Después de Emma aprendí que hay diferentes tipos de infecciones, en diferentes partes del oído. En todo caso, las infecciones de ella aparte de dolorosas también disminuían su audición. Por lo tanto en ese momento me hallé con una decisión importante que tomar.

   Según el especialista de Emma, Dr. Singer, el procedimiento tomaría 15 minutos. Un procedimiento completamente sencillo, dos tubos pequeños en ambos tímpanos y la extracción de las adenoides. La operación era sencilla, pero para poder hacerla tendría que estar completamente inmóvil por lo tanto habría que administrarle anestesia general.

   En realidad mi confianza hacia el doctor o el procedimiento no fue problema a la hora de tomar mi decisión, las noches de llanto me dejaban claro que su dolor era extremo y como madre deseaba calmarlo a como diera lugar.

   Mi gran miedo en realidad era la anestesia. Primero, la madre de mi esposo murió durante un cirugía plástica; no se sabe exactamente qué causó su muerte pero hubo señales de que pudo ser una reacción negativa a la anestesia. Segundo, yo personalmente he estado bajo los efectos de la anestesia y se que no es nada placentera cuando despiertas, y tercero, que daños podría hacer el uso de la anestesia en una niña tan pequeña. Según parent magazine, 4 millones de niños americanos al año utilizan anestesia. El repetitivo uso de la misma puede ocasionar dificultades del aprendizaje, problemas de la memoria y problemas del comportamiento.

   Definitivamente fue una decisión difícil de tomar, pero después de hablar con el especialista y los dos anestesiólogos de niños que entraron empezó la cuenta regresiva, los 15 minutos más largos de mi vida, hasta ahora! .

   Entraron dos anestesiólogos después de informarles del problema de la madre de mi esposo, lo cual me dio más paz mental. Después de los eternos 15 minutos, me entregaron a un bebé de 18 meses pasando los efectos de la anestesia. Le di mentalmente una hora para que se sintiera mejor. Fue una hora frente al reloj. Sentada en una silla de hospital, con mi bebé en brazos llorando una vez más. Durante toda esa hora lloró, durmió, gritó, se movía constantemente y exactamente a la hora y 5 minutos se quedó quieta, la enfermera le dio de alta y me la lleve a la casa.

   Dormimos las dos juntas en mi cama por las próximas 6 horas. Cuando despertamos, ella ya no lloraba, me pidió algo de comer y lo demás fue historia. Fue un momento de cambio con un gran miedo, pero este cambio definitivamente valió la pena.

“La Felicidad está en el Cambio”

Erika Ortiz

Nota: En la foto mi hija Emma.

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